El arma de la ánima… – Cuentos e intentos –

En algún lugar de la cordillera de los Andes, 1959.

La guerra entre los buenos y los malos, los buenos con pistolas y los malos con pistolas, estaba llegando a su fin, o por lo menos eso entendían los hombres y mujeres del campo, gracias a la declaración presidencial de la última noche. En ella se hacia alusión a las amnistías que los buenos harían a los malos y que los malos harían a los buenos pero al fin y al cabo una repartición del poder y de los poderosos.

Los camaradas de la chusma rondaban las fincas buscando comida y el humo de fogones para que el uniforme luciera mas imponente y espantoso. Sin embargo olvidaban que de paso los verdaderos espantos, los de los cuentos de los abuelos no les temían y salían a su paso desafiando las pistolas pero como eran espectros, ni los camaradas se daban cuenta, atravesándolos, asesinando fantasmas sin enterarse siquiera de la hazaña.

Juan luego del jornal, sentado en la silla de mimbre, escuchaba en su radiola los veredictos lanzados y los titulares de las protestas por la falta de agua, energía, comida y jabón. En las calles de las ciudades imperaba el espanto y los camiones llenos de golpistas se perdían en las sombras de la noche para regresar cargados de nada, o al menos eso se imaginaba cuando el reportero mencionaba que había cincuentaitantos desaparecidos.

Un sonido, o mejor un ruido poco usual entre la maleza, devolvió a Juan de sus pensamientos derechistas, izquierdistas y Juanistas. Una lechuza – pensó – pero no, no era eso ni ningún otro animal, era una manifestación sobrenatural porque vio un destello, aquello que los abuelos llamaban “ánimas” y los estudiosos del siglo XX llamaban sugestiones. Pero de sugestiones Juan no tenía ni idea, él era un hombre de decisiones forjado en la raíz de un árbol de Eucalipto que sembró su padre hace mucho tiempo.

Agarró su azadón fuerte con la mano izquierda y con la derecha hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el ombligo, por aquello de que entre más grande la bendición mas rápido dejaría el purgatorio si las ánimas se lo llevaban. Tomo su sombrero y envainó la espada neo milenaria o el machete para los mas ilustrados, el mismo que en la penumbra de la noche reflejó el destello de la luna en esa hoja de acero perfectamente forjada resaltando “gavilán de incolma”.

1, 2 3, 4, 5 cada paso una agonía y el sudor le recorría la cara dibujándola mas perfecta que un lápiz de carboncillo. La luz, esa blanca luz iba delante de el, llevándolo por un sendero que lo alejaba de su vivienda y lo acercaba al desconocido mundo del monte. Desconocido para los citadinos que veían desaparecer personas y a políticos de corbata aparecer como enjambres cada vez mas y mas ponzoñosos.

7, 8, 9, 10…lejos de su casa, pero no estaba seguro de cuantos pasos, la verdad Juan solo sabía contar hasta diez y no imaginaba cuantas veces lo había hecho. La luz, esa brillante se instaló en el alto de una pequeña montaña mientras el héroe desconocido para muchos pero no para nosotros se limpiaba el rostro con el dorso de la camisa, curtida del humo de los fogones sin necesidad de apariencia.

Se aproximó a la luz, lentamente, angustiosamente pero muy valientemente. Cuando estuvo cerca, la luz se desvaneció marcando un lugar exacto donde debía cavar, allí justo cuando la luz del “ánima” se esfumó quedó un círculo colorido que desapareció el verde de la manga.

Juan, agarró su azadón con las dos manos y con mas fuerza que puntería empezó a cavar, la tierra saltaba como por arte de magia a lado y lado haciendo pequeños montículos a derecha e izquierda. El sudor y la luna eran la única compañía que tenía el campesino mientras llevaba a cabo su labor, era urgente, en la noche nadie podía salir por miedo a los buenos y a los malos. Pero para Juan esa noche el miedo se había quedado en su casa. Un poco mas, estaba cerca sentía que la tierra estaba mas dura, se aproximaba, era el límite. En el instante en que lanzaba su último golpe de azadón, un duende gritaba, Fuego!

1 thought on “El arma de la ánima… – Cuentos e intentos –”

  1. Juan es muy valiente y un tanto curioso pero me demuestra que aveces esa intención por conocer lo desconocido y aveces hasta prohibido, sin importar los riesgos, puede ayudarnos a vencer muchos de nuestros miedos y derrivar, en ocasiones, una barrera que nosotros mismos ponemos. Juan aceptó ese desafío y llegó hasta la montaña en búsqueda de esa luz, tengo miedo del duende … Por qué dijo fuego?

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