Discurso de Graduación – Nunca dejen de aprender

Quiero comenzar estas cortas palabras resaltando el honor de estar aquí y agradeciendo a la universidad de manera personal y muy especial por todo lo que me ha brindado, mi formación y labor docente tienen un sello escrito en el alma que claramente resalta el nombre de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín. Estas aulas y pasillos han sido testigos de sueños, tristezas, alegrías, amores, desamores.

Agradezco también al decano, y a los profesores por esta invitación tan significativa en un día de alegría para todos ustedes que alcanzan este objetivo, que alguna vez fue un sueño y hoy es realidad. Y digo todos ustedes porque no solamente es un logro de los graduandos que obtienen su diploma, sino también la familia y personas cercanas que vivieron a su lado esta aventura llena de formación, que culmina con esta ceremonia, aunque es un nuevo comienzo.

Esto apenas empieza, nunca dejen de aprender, sean alumnos perpetuos, no se alejen de la curiosidad y la inquietud, continúen planteando hipótesis sobre la vida, sobre el universo, sobre el amor, que aunque no las puedan probar con evidencia empírica, siempre será maravilloso estimular el infinito que permanece en la mente. Tengan presente que el éxito NO lo van a medir a partir de las posesiones o posiciones, siempre será muy fugaz el triunfo si se mide desde lo material, además porque los éxitos y los fracasos son tan momentáneos que en un solo parpadeo pasan, y no nos damos cuenta de que agrandar o empequeñecer el ser que nos habita solo desgasta el espíritu. Llénense de cuestionamientos pero busquen siempre soluciones.

La clave del éxito, como alguien me mencionó muy sabiamente hace muchos años, no está en el dinero o la riqueza, sino en entender que para la vida somos seres similares, la clave está en tratar bien a todas las personas, crear lazos que nos permitan impulsar los logros y asumir los fracasos en compañía y quisiera agregar además que la vida debe llevarse para el servicio, “una vida sin servicio es una vida sin sentido” como dice del adagio, y también porque vivir para servir nos permite ser útiles en este proceso temporal y mágico que es la existencia.

Cada paso en adelante, traten de llenarlo que inquietudes que impulsen su crecimiento, permanezcan llenos de objetivos, pero no desfallezcan si alcanzarlos les cuesta, ya tienen la experiencia, el desarrollo de la tesis y esta etapa de formación les enseñó que siempre los resultados están alejados de lo que se buscaba probar al principio, la desviación existe, pero recíbanla con amor.

La universidad nos ha cobijado con el lema de trabajo y rectitud, virtudes que tienen que ser entendidas con los matices que vienen en la letra pequeña de la vida. Comprendan que los mejores conductores de autos aprenden con la imperfección del terreno, permítanse equivocarse y no castiguen al ser interno que quiere ser correcto, cada curva es una enseñanza, y al dejarla atrás se genera automáticamente un aprendizaje, caminos rectos en su totalidad son caminos irreales, sin embargo la rectitud desde el actuar muy ético sobrepasa cualquier concepto, no comprometan sus principios. Nunca se alejen de los valores sin juzgar la historia de los demás, sean firmes a sus fundamentos y sensibles a las historias.

El trabajo enmarcado en el amor por el oficio es un goce permanente, busquen y les deseo que encuentren la felicidad en su labor, eso jamás los convertirá en empleados de la costumbre, cuestiónense, la vida es demasiado corta para pasarla de una manera desafortunada, una de las mejores decisiones de mi vida fue cuando renuncié al trabajo que se llevaba mi creatividad.

Es su responsabilidad y de nadie más encender el interruptor que determina la forma de mirar la vida, depende de ustedes encenderlo y ponerlo en “ON”, o apagarlo poniéndolo en “OFF”, No olviden que si deciden poner el interruptor en “ON” hay dos palabras que deben dirigir el rumbo, Corazón y Pasión, nunca caminan separadas, siempre en cada decisión van de la mano y justamente ustedes son los responsables de mantenerlas unidas.

Cito una frase con la cual comienzo mi tesis que se le adjudica a Einstein “Una persona que nunca ha cometido un error, nunca intento nada nuevo” sigan intentando, sigan innovando, de los huecos dejados en los fallos, crecen las flores de la primavera. Hoy el mundo requiere como en cada cambio generacional de héroes que se apropien de los cambios, porque hay que tratar de dejar el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontramos.

Trabajo y rectitud,  la sociedad los necesita atentos, vigilantes ante la injusticia. Colombia padece una enfermedad bastante grave pero esperamos que no sea terminal, y es que las instituciones están siendo permeadas por las leyes que no son leyes, las de la injusticia y la inequidad. No les de temor enfrentar el reto de construir una sociedad más justa y mucho menos muestren desinterés ante los reclamos sociales que esperan de ustedes ideas y liderazgo. Las instituciones urgen de propuestas inclusivas y ustedes hoy inician la etapa de la inclusión, el conocimiento que adquirieron, urge ser contado.

Este día es un nuevo comienzo, al fin de cuentas de eso se trata la vida, de comenzar cada vez. Después de esta ceremonia ustedes crecen un poco y todo a su alrededor evoluciona, elijan con convicción, recuerden que deben mantener la forma de ver la vida en modo “ON” (corazón y pasión). Muchos científicos han pasado toda su vida tratando de explicar el porqué de las cosas, hoy los invito a que continúen este desafío, transmitan su pasión, inspiren a los demás, no caigan en la trampa de la monotonía y contribuyan, la acción debe primar frente a la reacción, actúen. Caminar siempre será muy saludable.

Permanezcan atentos, alertas, siempre adelante y siempre avanzando cumpliendo con alegría el deber que les fue encomendado, que nada está distante y retroceder puede parecer humillante.

Felicitaciones y buenos vientos.

Oscar Manco López

 

El arma de la ánima… – Cuentos e intentos –

En algún lugar de la cordillera de los Andes, 1959.

La guerra entre los buenos y los malos, los buenos con pistolas y los malos con pistolas, estaba llegando a su fin, o por lo menos eso entendían los hombres y mujeres del campo, gracias a la declaración presidencial de la última noche. En ella se hacia alusión a las amnistías que los buenos harían a los malos y que los malos harían a los buenos pero al fin y al cabo una repartición del poder y de los poderosos.

Los camaradas de la chusma rondaban las fincas buscando comida y el humo de fogones para que el uniforme luciera mas imponente y espantoso. Sin embargo olvidaban que de paso los verdaderos espantos, los de los cuentos de los abuelos no les temían y salían a su paso desafiando las pistolas pero como eran espectros, ni los camaradas se daban cuenta, atravesándolos, asesinando fantasmas sin enterarse siquiera de la hazaña.

Juan luego del jornal, sentado en la silla de mimbre, escuchaba en su radiola los veredictos lanzados y los titulares de las protestas por la falta de agua, energía, comida y jabón. En las calles de las ciudades imperaba el espanto y los camiones llenos de golpistas se perdían en las sombras de la noche para regresar cargados de nada, o al menos eso se imaginaba cuando el reportero mencionaba que había cincuentaitantos desaparecidos.

Un sonido, o mejor un ruido poco usual entre la maleza, devolvió a Juan de sus pensamientos derechistas, izquierdistas y Juanistas. Una lechuza – pensó – pero no, no era eso ni ningún otro animal, era una manifestación sobrenatural porque vio un destello, aquello que los abuelos llamaban “ánimas” y los estudiosos del siglo XX llamaban sugestiones. Pero de sugestiones Juan no tenía ni idea, él era un hombre de decisiones forjado en la raíz de un árbol de Eucalipto que sembró su padre hace mucho tiempo.

Agarró su azadón fuerte con la mano izquierda y con la derecha hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el ombligo, por aquello de que entre más grande la bendición mas rápido dejaría el purgatorio si las ánimas se lo llevaban. Tomo su sombrero y envainó la espada neo milenaria o el machete para los mas ilustrados, el mismo que en la penumbra de la noche reflejó el destello de la luna en esa hoja de acero perfectamente forjada resaltando “gavilán de incolma”.

1, 2 3, 4, 5 cada paso una agonía y el sudor le recorría la cara dibujándola mas perfecta que un lápiz de carboncillo. La luz, esa blanca luz iba delante de el, llevándolo por un sendero que lo alejaba de su vivienda y lo acercaba al desconocido mundo del monte. Desconocido para los citadinos que veían desaparecer personas y a políticos de corbata aparecer como enjambres cada vez mas y mas ponzoñosos.

7, 8, 9, 10…lejos de su casa, pero no estaba seguro de cuantos pasos, la verdad Juan solo sabía contar hasta diez y no imaginaba cuantas veces lo había hecho. La luz, esa brillante se instaló en el alto de una pequeña montaña mientras el héroe desconocido para muchos pero no para nosotros se limpiaba el rostro con el dorso de la camisa, curtida del humo de los fogones sin necesidad de apariencia.

Se aproximó a la luz, lentamente, angustiosamente pero muy valientemente. Cuando estuvo cerca, la luz se desvaneció marcando un lugar exacto donde debía cavar, allí justo cuando la luz del “ánima” se esfumó quedó un círculo colorido que desapareció el verde de la manga.

Juan, agarró su azadón con las dos manos y con mas fuerza que puntería empezó a cavar, la tierra saltaba como por arte de magia a lado y lado haciendo pequeños montículos a derecha e izquierda. El sudor y la luna eran la única compañía que tenía el campesino mientras llevaba a cabo su labor, era urgente, en la noche nadie podía salir por miedo a los buenos y a los malos. Pero para Juan esa noche el miedo se había quedado en su casa. Un poco mas, estaba cerca sentía que la tierra estaba mas dura, se aproximaba, era el límite. En el instante en que lanzaba su último golpe de azadón, un duende gritaba, Fuego!